Moscas volantes y los tratamientos orales…

Los tratamientos orales o sistémicos.
Es decir, no actuar directamente sobre el tejido en cuestión (el gel vítreo en donde están las opacidades), sino tratar a distancia, concretamente aportando algún tipo de elemento o nutriente a nuestro cuerpo, normalmente ingiriéndolo.

Origen de las moscas volantes.
Sobre la causa ya hablamos en su momento. Pero dado el interés que suscita este tema, volvemos a exponer con otras palabras y un poco más extendido el mismo tema que se explicó hace 6 años.

Explicación técnica: son cambios involutivos en las macromoléculas que condicionan una fuga de agua. En consecuencia se van condensando las proteínas; la pérdida de volumen hace que este vítreo se desprenda de la retina, lo que conduce a un rápido colapso (perdida rápida de volumen), con salida del agua desde la matriz proteica que queda como fluido libre en el espacio que queda entre vítreo y retina. Esta dŕastica deshidratación acarrea la aglutinación macroscópica de la matriz proteica.

En otras palabras: El gel vítreo es como una red de proteínas, que forman una malla de tres dimensiones como si de cuerdas se tratasen. Estas proteínas tienen moléculas que “atraen” el agua, como si fuera un imán. Así, los huecos entre las cuerdas (proteínas) se rellenan con agua. Ambos elementos, agua y proteínas, forman una unidad: el agua se ve atraída y sujeta por las proteínas, y la red proteica se mantiene estable gracias al agua.

Con el paso del tiempo, las proteínas y esas moléculas que atraen el agua degeneran (digamos que se estropean y no se recambian adecuadamente). El agua comienza a escaparse. Algunas zonas de esa malla ya no es tan regular (no son cuerdas tan rectas), porque los huecos no están bien rellenos. Al irse el agua fuera del vítreo, este pierde volumen. Y el vítreo está pegado a la zona interna del globo ocular: la retina. Para mantenerse pegado, el vítreo necesita ocupar toda la cavidad. Si pierde volumen, necesariamente se despega. Cuando se desprende el vítreo, que estaba sujeto, las cosas se ponen complicadas para mantener esta red. Si había comenzado a degenerarse, con zonas que perdían agua, ahora al perder la sujección, su estructura se ve realmente amenazada. Las cuerdas, que estaban tirantes y sujetas a las paredes, se sueltan y “aflojan”. El lento proceso de pérdida de agua se precipita: las proteínas ya no forman una red regular. Además, queda hueco en el interior del ojo para que el agua se escape fácilmente: el espacio nuevo que hay entre el vítreo recién desprendido y la retina. Sale rápidamente el agua y quedan zonas del vítreo donde ya las proteínas están muy juntas. Se forman agregados, como se las cuerdas de la red se han soltado y desorganizado, y las cuerdas se enrollan entre sí formando nudos. Estos agregados ya no son microscópicos, sino que pierden la transparencia (el vítreo es transparente gracias a su organización y la gran cantidad de agua) y se aglutinan en auténticas opacidades.

Esta degeneración molecular del vítreo, el origen de toda esta serie de acontecimientos, no se debe a una falta de nutrientes. No es que los componentes de las proteínas y moléculas falten, son errores en la organización, en la disposición, en la reparación.

El agua
Decíamos que el agua se escapaba del vítreo. Se produce por tanto una deshidratación de este tejido, lo que a alguno le ha hecho pensar que bebiendo mucha agua la cosa mejora.

No nos engañemos con las palabras. Cuando un tejido se deshidrata es que le falta agua. En muchos tejidos es consecuencia y va parejo a una falta de agua general del organismo. Pero en este caso no. Son cambios estructurales más complejos, e independientes de la cantidad de agua o la concentración de iones que hay en la sangre o en el tejido extracelular. Es decir, que no es que el vítreo se deseque cuando el cuerpo se deshidrata, no es que la sangre “saque” el agua del vítreo. Y evidentemente beber mucha agua no sirve para nada. Ni previene la degeneración vítrea, ni revierte las opacidades.

Suplementos orales
Pero tenía más interés en hablar de un tratamiento en pastillas, algo que recientemente se ha puesto de moda.Estoy hablando del Vitreoclar.

Vicente Baos, uno de los grandes de la blogosfera sanitaria, le dedicó este artículo al tema. Como bien queda explicado, este tratamiento que ahora se vende para tratar las opacidades vítreas, no es un medicamento indicado para prevenir, reducir o frenar las moscas volantes. Porque no funciona. “Nutrición para el vítreo”, explican. Se cuidan de no decir explícitamente lo que quieren dar a entender, y así vender dentro de la legalidad.

Esto requiere una explicación. Para que un medicamento reciba la autorización oficial y se pueda vender en España tiene que cumplir alguna de estas tres cualidades:

■Demostrar que es eficaz tratando lo que dice tratar. Eso exige pruebas objetivas que lo respalden. Vamos, que funciona.
■Ser un producto homeopático. De forma absolutamente incomprensible, la ley ampara que un producto afirme hacer algo sin demostrarlo.
■Ser un complemento dietético (vitaminas, antioxidantes, etc). Con lo cual no es un medicamento en sí. Aquí simplemente hay que vigilar que en el prospecto no diga claramente que este producto sirve para tratar una enfermedad. Si no afirmas que tratas una enfermedad, no necesitas pruebas para demostrar su eficacia. Simplemente demostrar un perfil de seguridad: que tomar esas pastillas no es dañino (más o menos, como veremos en futuros artículos que dedicaré a los complementos dietéticos). Si son nutrientes en principio inocuos a unas dosis razonables, es relativamente fácil que lo aprueben.
De estos tres supuestos, sólo el primero es un medicamento de verdad. El segundo es una estafa directa permitida por el Estado. El tercero es algo más sutil. Apruebas un suplemento nutricional, y luego se trata de que la gente se piense que su salud se va a ver beneficiada de alguna manera. No lo puedes decir claramente, pero lo sugieres de alguna manera para que la gente lo piense. Muchas veces al filo de la legalidad, parecido a los yogures con bacterias, a alimentos con omega-3, y un largo etcétera.

Pero volvamos al Vitreoclar. Condroitín sulfato, glucosamina, vitamina E, etc. Moléculas que constituyen el vítreo (como si la degeneración fuera por falta de ellas), elementos que estimulan la síntesis de la matriz proteica (quizás el tema es más complicado; el envejecimiento de este tejido no parece que sea simplemente una falta de síntesis), actividad antioxidante (es lo que está de moda ahora). Y no quiero criticar una hipótesis de trabajo, porque así avanza la ciencia: experimentando con hipótesis que al principio pueden ser poco creíbles. Es una idea para solucionar el problema, así que adelante, a investigar. Pero hasta que no se demuestre que es eficaz se trata simplemente de eso, una línea de investigación.

Y no, no ha demostrado que funcione. Así que no es un medicamento de verdad. Pero en vez de seguir con la fase de investigación, probando nuevas moléculas, o aportando ideas nuevas, lo comercializamos por la puerta de atrás: como complemento nutricional.

Eso de por sí ya está mal, pero por desgracia es relativamente habitual. Lo que me impresiona más todavía es que vienen los de la compañía farmacéutica a vendernos el cuento a los oftalmólogos. Y lo que me impresiona más todavía, y me entristece, es que algunos se creen el cuento y lo aconsejan a sus pacientes. Cuando ocurren estas cosas, mi confianza en nuestro sistema sanitario flaquea.

Descontrol en la información
Permítanme, queridos lectores, aun a riesgo de aburrirles, que les cuente los pormenores de cómo nos pretenden convencer a los oftalmólogos de que debemos prescribir el producto en cuestión. Nos ofrecen un dossier con la “evidencia” que “demuestra” que la pastilla funciona. Nótense las comillas.

Recuerdo que la percepción de las moscas volantes es algo subjetivo, variable en el tiempo (en general suelen mejorar los síntomas), y dependiente de la predisposición psicológica. Una situación mentalmente favorable permite “verlas menos”. Vamos, que de forma espontánea mejoran en buena parte de los sujetos, y si algo les hace creer que se están curando, con más razón.

Aun así diseñar un estudio preliminar que muestre indicios de eficacia no sería difícil. Con dos grupos con número suficiente (dificultades para encontrar gente no hay, eso seguro), se aleatoriza el posible medicamento frente a un placebo, y a comparar resultados. Así el grupo placebo nos sirve como referencia para comprar las mejorías espontáneas y las debidas al sentirse tratados. Si el grupo que ha recibido el medicamento tiene una tasa de mejoría estadísticamente superior, ya es algo.

Pero el estudio contenido en el dossier es bastante diferente. Un estudio con nueve pacientes. Nueve. Con lo fácil que es encontrar personas con moscas volantes. Un número tan pequeño no tiene fortaleza estadística para poder afirmar muchas cosas. Aunque daba igual, porque no había nada para comparar.

Pero me estoy adelantando. Les ponen el tratamiento, y les preguntan a los seis meses si están mejor. Ni grupo placebo, ni nada. Ni siquiera comparan con la “mejoría espontánea” esperada. Que recordemos que estos síntomas mejoran por sí mismos. El caso es que la mitad de los pacientes del estudio está mejor (curioso, porque cuatro están mejor, otros cuatro están igual, y el que queda ni una cosa ni la otra).

¿Con eso qué podemos concluir?. Lógicamente, nada. Cuando revisamos pacientes diagnosticados recientemente de desprendimiento vítreo y moscas volantes, posiblemente más de la mitad nos explican una mejoría. El curso de la enfermedad explica los resultados, sin recurrir siquiera al efecto placebo. Sin embargo, los “investigadores” concluyen que el tratamiento en cuestión “parece ser beneficioso”.

Para mí esto no es ciencia, es sólo marketing. Y sacar un provecho económico basándose en mentiras, es un timo. Aquí está, pseudomedicina disfrazada, llamándote a la puerta de la consulta, robándote tiempo de tu trabajo. ¿Nadie controla esta información?. ¿No se puede regular de alguna manera este despropósito?.

Fuente: http://ocularis.es/blog/

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