La batalla por las células embrionarias.

La investigación con células troncales ha superado un nuevo obstáculo en Estados Unidos con la resolución emitida el pasado 25 de julio por el juez Royce Lamberth, con la que se elimina el suspenso que habían creado las restricciones para el otorgamiento de fondos públicos a proyectos que utilizan las células provenientes de embriones humanos.

Este hecho es significativo porque ese mismo juez, atendiendo a las presiones de los grupos conservadores y la Iglesia, había decidido, en agosto de 2010, detener la apertura impulsada por el presidente de ese país. Ahora, con la reciente determinación de Lamberth, la balanza se inclina hacia el lado de Obama y principalmente del avance científico en este campo… pero no de forma definitiva.

La batalla legal en Estados Unidos es sólo una muestra de los múltiples rostros que adquiere el enfrentamiento entre los grupos conservadores –quienes juzgan que es moralmente condenable la utilización de células de embriones humanos– y las organizaciones científicas y civiles, que ven en la investigación con células troncales embrionarias una esperanza para enfrentar enfermedades que hasta ahora son incurables. Los obstáculos para el desarrollo de estas investigaciones en Estados Unidos se fortalecen o se relajan, si llega al poder un gobierno demócrata o republicano, o si, independientemente de quien ocupe la Casa Blanca, las presiones políticas o sociales obligan a los gobernantes a ceder ante alguna de estas posturas.

Hasta ahora las posibilidades de cura con el empleo de células troncales embrionarias (también llamadas células madres) es una esperanza muy bien fundada mediante criterios científicos, pero es sólo eso, una posibilidad hasta ahora hipotética. Por esta razón, la solución definitiva de esta controversia depende en buena medida de que pueda demostrarse la efectividad de estas técnicas en el tratamiento de algunas enfermedades. En mi opinión, la batalla se ganará en los laboratorios y en los hospitales, y no precisamente en los juzgados. Esto obliga a preguntarnos: ¿dónde estamos en materia de investigación clínica en este campo?

Al finalizar la primera década del siglo XXI se produjo un cambio trascendente, pues de las investigaciones de tipo muy básico realizadas en preparaciones aisladas (in vitro) y en modelos animales se ha pasado, por primera vez en la historia, a las pruebas clínicas en humanos. Las patologías o condiciones en las que se realizan estos primeros ensayos son las lesiones de la médula espinal, que producen la pérdida de sensibilidad y parálisis, así como la ausencia de control de la función de la vejiga y el intestino. Por otra parte, se realizan ya las primeras pruebas clínicas para la recuperación de la visión en algunos tipos de ceguera. En estos programas se utilizan células de embriones excedentes creados en las clínicas de reproducción asistida, que de otro modo habrían sido simplemente destruidos, y que son donados para la investigación bajo consentimiento informado.

El 11 de octubre de 2010, la empresa Geron, con sede en California, anunció la realización de la primera prueba en un paciente con una lesión en la médula espinal, dentro de una serie de ensayos en la fase I (orientada a determinar la seguridad y tolerancia al tratamiento), aprobada por la Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés). En este caso se emplean células troncales de embriones humanos, conocidas como células progenitoras de oligodendrocitos, a las que se les ha asignado el nombre de GRNOPC1, que han mostrado en estudios in vitro su capacidad de restablecer la mielinización (proceso que permite la recuperación de la transmisión de las señales nerviosas), y en animales, el restablecimiento de la sensibilidad y la locomoción, posteriores a las lesiones espinales.

El 14 de julio de 2011, otra empresa, Advanced Cell Technology, con sede en Massachusets, anunció el comienzo de las pruebas clínicas (fases I/II), también aprobadas por la FDA, para el tratamiento de dos condiciones que producen ceguera, como la distrofia macular de Stargardt, padecimiento hereditario que se manifiesta en personas jóvenes, y la degeneración macular húmeda, que se presenta principalmente en los mayores de 55 años. En estos casos se emplean células pigmentarias de la retina derivadas de células troncales embrionarias humanas (hESC-RPE, por sus siglas en inglés). En estudios en modelos animales, esta técnica ha mostrado la capacidad de restablecer en distintos grados la función visual.
Desde luego, el comienzo de las pruebas clínicas no garantiza la efectividad de estos tratamientos, pero será en esta década cuando estaremos ante respuestas definitivas, con lo que este debate quedará situado en un territorio muy distinto.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/08/02/opinion/a03a1cie

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