A veces convertimos los obstáculos en imposibilidades…

La asombrosa capacidad de superación de una angoleña ciega, ahijada de asturianos, a punto de licenciarse en Derecho l «Convertimos los obstáculos en imposibilidades»

«Nací con un glaucoma congénito…».

Así comienza Stella Pires, 31 años, el relato de su vida. Angoleña, sufrió la guerra civil, perdió a su padre con 9 años y a su madre hace casi una década, sus ojos acumulan 13 operaciones, se quedó ciega a los 16 años, se trasladó a España, vive en Barcelona, compagina los estudios con dos trabajos, está a punto de terminar la carrera de Derecho, le gusta cantar y bailar, fabrica muñecas, da gracias a la vida, se siente afortunada… muy afortunada.

Stella Pires mantiene un fuerte vínculo con Asturias. Casi un cordón umbilical. Con cinco años conoció en Barcelona a una ovetense, Elena Vicente Cortés, quien por entonces se convirtió en su madrina de bautismo. Su padrino, César Lana, es de Quirós. Los tres tenían un factor común: eran pacientes de la Clínica Barraquer en la Ciudad Condal. Cuando, años más tarde, se estableció en España, Stella vivió un año en Gijón y recuperó fugazmente -una llamada de teléfono- el contacto con su madrina, que estuvo interrumpido hasta 23 años. La relación, ya en persona, ha sido felizmente reanudada. Este fin de semana, la joven angoleña está en Oviedo con su madrina, a la que más bien considera madre.

La biografía de Stella es de tal intensidad y dramatismo que sólo merece ser contada por ella misma.

Familia y orígenes. «Nací en Luanda, capital de Angola. Mi madre es del Sur y mi padre fue a Angola como contratado, que era el nuevo estatuto de los ex esclavos. Se conocieron en una plantación de café. Soy la mayor de tres hermanos. Mi padre falleció cuando yo tenía 9 años y él unos 32. Mi madre murió de malaria hará 9 años, tenía 39».

De ver mal a no ver. «Nací con un glaucoma congénito. Los médicos decían que hereditario. A distancia no podía distinguir los objetos, las formas. De cerca sí podía ver. La vista fue disminuyendo gradualmente. A partir de los 14 años ya no podía escribir ni leer: sólo veía luces y puntos. Luego dejé de ver los puntos y al final tampoco veía la luz. Desde los 16 años no veo nada».

Primer viaje a España. «En mi país se daban ayudas estatales, becas médicas. Cuando yo tenía 5 años, mi madre consiguió una, estuvimos dos meses en Portugal, me operaron dos veces, y allí le comentaron que en España había muy buenos oftalmólogos. Mi madre consiguió otra beca y llegamos a la Clínica Barraquer».

Un encuentro afortunado. Toma el testigo del relato la ovetense Elena Vicente. «Conocí a Stella en octubre de 1985, cuando llegó a Barcelona la señora Sao con una niña monísima. Estábamos en un hostal, éramos todos pacientes de Barraquer. Stella se fijó en mí desde el primer día. Recuerdo la primera frase que me dijo, en portugués. Le pregunté: “¿Qué pasa en Angola?”. Estaban en guerra civil. Ella me respondió: “En Angola mueren niños, mueren viejos, mueren todos…”. Fíjate lo que significa esta frase en una niña de 5 años. Era una adulta. Su madre quería bautizarla y me preguntó si quería ser su madrina. Acepté encantada. Luego estuvimos 23 años sin vernos. Stella hace muñecas. Tengo una muñeca preciosa hecha por ella, con mil detalles. Le gusta cantar y bailar. Se le da todo. Parece que ve».

Cuencas sin ojos. Retoma el hilo Stella. «Me operaron 7 veces el ojo izquierdo y 6 el derecho. Una de las operaciones me la hicieron a los 9 años. El médico dijo que tenía que volver un año después, pero mi madre no consiguió beca médica; la siguiente vez que la logró yo tenía 16 años y ya no veía nada. Al final tuvieron que hacerme un vaciado. Llevo prótesis en los dos ojos».

Ver con la memoria. «Sé cómo son las cosas. Ejercito la memoria visual, las cosas que he visto. Me gusta dibujar, y haciendo dibujos intento recordar. Eso me ayuda a recordar rostros, cosas…».

Stella habla con dulzura; le gustan los diminutivos: «pequeñita», «ropita para la muñequita»… Sus ojos parpadean sin parar. De risa fácil y contagiosa, vive sin complejos. Al finalizar la sesión de fotos con LA NUEVA ESPAÑA se dirige al fotógrafo:

-¿Puedo verlas?

Y rompe a reír.

Merece la pena escucharla. Si en el buscador Google se introduce «Stella Pires», se la puede ver y oír en un vídeo de casi dos minutos. Javier Blanco, periodista de LA NUEVA ESPAÑA especializado en música, analiza su voz: «Agradable, acogedora, aguda pero muy nítida, y con un maravilloso deje que apenas deja entrever su origen portugués. Una voz ideal para una locutora de radio o televisión».

Traslado a España. «Cuando se murió mi madre, yo había empezado Derecho en Angola. Allí se multiplicaron todas las dificultades, mi madre era mi apoyo, mi pilar, mi ángel de la guarda… Me di cuenta de que debía irme a un país donde mi discapacidad fuera un obstáculo, pero no un impedimento absoluto. Decidí venir a España. Llegué hace casi seis años con la intención de trabajar y de terminar mi carrera. Me convalidaron tres asignaturas, así que tuve que empezar casi de cero. Ahora me falta una asignatura para terminar Derecho. El día 13 me examino de Derecho Procesal Penal. Espero viajar a Angola en septiembre para celebrarlo con mi familia».

Aquel año en Asturias. «Cuando llegué a España estuve dos meses en Madrid. Luego vine a Asturias un año, aunque entonces aún no había recuperado el contacto con mi madrina. Yo vivía en Gijón, y la Facultad estaba en Oviedo. Vivía con mi novio, pero nos separamos y decidí irme a otra provincia y empezar de nuevo».

Trabajo a tres turnos. «En Barcelona, por las mañanas trabajo de recepcionista en una empresa que tiene una cadena de tiendas. Por las tardes voy a la Universidad. Y por las noches trabajo de camarera en Dans le noir, un restaurante totalmente a oscuras que está pensado para sensibilizar a la gente sobre lo que es vivir sin ver y para estimular los otros sentidos».

El Futuro. «Estoy buscando alguna salida profesional compatible con mi discapacidad, con mis gustos, con mis valores, con lo que yo soy. He pensado hacer el doctorado e intentar dar clase en la Universidad, pero no todo depende de mí».

Balance de una vida. «A veces convertimos los obstáculos en imposibilidades. He entendido que lo que me parecía una carrera de obstáculos ha sido, en realidad, una carrera de fe. Soy una persona que cree firmemente en Dios. Me siento acompañada por Él en todos los momentos de mi vida. He aprendido a apreciar el valor de lo que tengo. Pero me faltaba una cosa, sólo una: mi madre. Se dice que madre no hay más que una. Pero hasta esa regla se ha roto en mi vida: mi madrina es para mí como una madre, como si me hubiera parido. Dios me ha ayudado tanto que ha quitado de mí la necesidad de padre y madre, porque me ha dado una verdadera madre».

Fuente: http://www.lne.es/sociedad-cultura/2011/06/26/stella-o-coraje-invencible/1094733.html

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